Hay historias que comienzan como un simple relato extraño y terminan convirtiéndose en una leyenda que una familia recuerda durante generaciones.
Esta historia ocurrió, según el relato, hace muchos años en Xochimilco, Ciudad de México.
Mi papá contaba que en aquella época se hablaba mucho de personas que, según las creencias populares, tenían la capacidad de convertirse en animales.
Él nunca olvidó una madrugada en particular.
Eran aproximadamente las dos de la mañana
Todo estaba tranquilo cuando mi papá y mi abuelo escucharon ruidos en el callejón donde vivían.
Por la forma de los sonidos, parecía que algún burro había entrado al lugar.
Pero aquello ya resultaba extraño.
Ninguno de los vecinos tenía un burro y, a esas horas de la madrugada, nadie esperaba encontrar un animal caminando por el callejón.
La curiosidad pudo más que el miedo.
Los dos salieron para ver qué estaba pasando.
Y entonces vieron algo que ninguno de los dos esperaba.
No caminaba como un burro
A primera vista parecía un burro.
Pero había algo completamente fuera de lo normal.
El animal caminaba erguido sobre sus patas traseras.
Y eso no era lo único.
Entre sus extremidades delanteras llevaba cargando un borrego.
Lo sujetaba de una manera que, según mi papá, parecía más propia de una persona cargando un animal que de un burro transportando algo.
La escena era tan extraña que por unos segundos nadie supo qué hacer.
Mi abuelo decidió acercarse
Mi abuelo tomó un pedazo de madera.
Cuando tuvo la oportunidad, alcanzó a golpear al extraño animal en la cabeza.
Esperaba que reaccionara como cualquier burro.
Quizá con un rebuzno.
Pero ocurrió algo que convirtió aquella experiencia en una historia que jamás olvidaría.
El animal gritó.
Y no fue un rebuzno.
Según mi papá, de su boca salió un sonido parecido al grito de una persona que acababa de recibir un golpe.
El supuesto burro parecía quejarse.
En ese instante soltó al borrego y salió corriendo.
Mi abuelo y mi papá se quedaron observando cómo desaparecía en la oscuridad.
Lo extraño ocurrió después
La historia habría podido quedarse simplemente como una experiencia inexplicable.
Pero tiempo después ocurrió algo que hizo que mi abuelo comenzara a preguntarse si aquella madrugada había visto algo completamente diferente.
Un día fue a visitar a un conocido.
Le habían contado que el hombre se había lastimado durante una pelea.
Cuando mi abuelo lo encontró, quedó sorprendido.
El hombre tenía la cabeza extraordinariamente inflamada.
Y había algo más.
La lesión estaba en un lugar muy parecido al sitio donde mi abuelo había golpeado al extraño animal aquella noche.
Para él, aquella coincidencia era demasiado inquietante.
¿Era realmente un burro?
Dentro de las tradiciones populares mexicanas existen muchas historias sobre los llamados nahuales, personas que, según ciertas creencias, podían transformarse en animales o adquirir características animales.
Las historias varían mucho dependiendo de la región.
Algunas hablan de perros, gatos, aves o grandes felinos.
Otras describen animales que realizan acciones que normalmente no podrían hacer.
En este caso, la criatura tenía apariencia de burro, pero caminaba sobre dos patas, cargaba un borrego como una persona y, después de recibir un golpe, supuestamente reaccionó con una voz humana.
Y ahí es donde la leyenda se vuelve todavía más inquietante.
Una explicación o una coincidencia
Por supuesto, hoy existen muchas maneras de interpretar una historia como esta.
Un animal visto de noche puede parecer completamente diferente de lo que realmente es.
Las sombras, la poca iluminación y el miedo pueden alterar nuestra percepción.
También es posible que la historia haya cambiado con el paso de los años al ser contada de una persona a otra.
Y la lesión del hombre pudo haber sido simplemente una coincidencia.
No existe evidencia que demuestre que aquel animal fuera una persona transformada.
Pero para mi abuelo, aquella coincidencia fue suficiente para dejarle una duda que probablemente nunca desapareció.
La parte que nadie pudo olvidar
De todos los detalles de aquella madrugada, había uno que destacaba por encima de los demás.
No era solamente que el animal caminara sobre dos patas.
Tampoco que llevara un borrego entre sus extremidades.
Era el sonido que salió de su boca después del golpe.
Porque un rebuzno habría sido extraño, pero explicable.
Un grito parecido a una voz humana era algo completamente diferente.
Y después de que el animal huyera, quedó una pregunta:
¿Qué era realmente aquella criatura?
Quizá solamente fue un animal observado en circunstancias extrañas.
Quizá la oscuridad hizo que pareciera algo imposible.
O quizá, como cuenta la antigua leyenda, aquella noche mi abuelo y mi papá se encontraron con algo que no era un burro común.
Hasta el día de hoy, la historia continúa pasando de una generación a otra.
Y cada vez que alguien la escucha, termina preguntándose lo mismo:
¿Qué habrías hecho tú si a las dos de la mañana vieras un burro caminando sobre dos patas y, después de golpearlo, lo escucharas gritar como una persona? 👀
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