Hay historias que uno escucha durante la infancia y que, aunque pasen los años, permanecen guardadas en la memoria.
Esta es una de ellas.
Mi abuelo solía contarme que, muchos años atrás, había vivido una experiencia que nunca pudo olvidar. Según él, una tarde se había internado en el monte para buscar leña.
Era algo que hacía con frecuencia.
Conocía aquellos caminos, sabía moverse entre los árboles y estaba acostumbrado a los sonidos del monte. Sin embargo, aquel día escuchó algo que llamó especialmente su atención.
Un ruido extraño venía desde arriba.
Entonces levantó la mirada
Mi abuelo me decía que primero pensó que podía tratarse de algún ave.
Pero cuando miró hacia el cielo, vio algo que no esperaba encontrar.
Una enorme culebra parecía estar volando sobre el monte.
Según su relato, lo que más le llamó la atención fueron las alas.
No eran como las de un pájaro.
Las describía como unas estructuras extrañas, de un color parecido al de la piel de una iguana, aunque también decía que desde cierta distancia parecían muy claras, casi blancas.
Mi abuelo siempre repetía lo mismo:
“Yo la vi con mis propios ojos.”
No decía que se lo habían contado.
No decía que la había imaginado.
Aseguraba que había estado allí y que había visto aquella criatura atravesar el cielo.
Una antigua creencia del monte
Pero la historia no terminaba con lo que él había visto.
Mi abuelo también contaba que, por aquellos lugares, existía una creencia muy antigua.
La gente decía que algunas culebras, cuando alcanzaban una edad muy avanzada y crecían demasiado, podían llegar a desarrollar alas.
Y entonces sucedía algo todavía más extraño:
se iban volando hacia el mar.
Para un niño que escuchaba aquella historia, era difícil no imaginar una enorme serpiente atravesando el cielo rumbo a la costa.
Pero lo curioso es que este tipo de relatos no pertenecen únicamente a una familia.
En distintas regiones de México existen tradiciones orales que hablan de serpientes extraordinarias relacionadas con el agua, la lluvia, el viento y el cielo. Incluso hay relatos donde se dice que las serpientes viejas adquieren alas y vuelan.
La leyenda de las serpientes que vuelan
En Yucatán existe además la tradición de la Tsukán, una serpiente sobrenatural asociada con cenotes, cuevas y aguas subterráneas.
Dentro de la leyenda, la criatura puede ser descrita como una enorme serpiente alada y, al envejecer, se cuenta que se marcha hacia el mar.
Esto hace que la historia de mi abuelo resulte todavía más interesante.
Porque aquella idea de una serpiente que crece durante muchos años, desarrolla alas y finalmente se dirige hacia el mar aparece también en relatos tradicionales de la región.
Por supuesto, una leyenda no demuestra que una criatura así exista realmente.
Pero sí demuestra que estas historias forman parte de una tradición cultural mucho más antigua.
¿Qué pudo haber visto mi abuelo?
Esa es la pregunta que nunca pude responder.
Quizá vio un ave grande desde un ángulo extraño.
Quizá algún animal se desplazaba entre las ramas y, debido a la distancia, su forma parecía completamente diferente.
También pudo haber visto algo que simplemente no logró identificar.
El monte está lleno de sonidos, sombras y movimientos que pueden resultar difíciles de interpretar, especialmente cuando uno se encuentra solo.
Pero mi abuelo nunca dudó de su experiencia.
Cada vez que contaba la historia, hablaba con la misma seguridad.
Él estaba convencido de que había visto una culebra voladora.
El recuerdo que quedó después de su partida
Yo todavía era muy pequeño cuando mi abuelo falleció.
Tenía alrededor de ocho años.
Quizá por eso esta historia quedó grabada en mi memoria de una manera tan especial.
Con el tiempo olvidé muchas cosas de mi infancia.
Pero nunca olvidé aquella conversación.
Nunca olvidé cómo describía las alas.
Nunca olvidé que decía que las culebras demasiado viejas podían volar.
Y mucho menos olvidé que, según la gente de aquellos lugares, algún día esas criaturas terminaban marchándose hacia el mar.
¿Mito, animal desconocido o algo más?
Hoy podemos buscar explicaciones para muchas cosas que antiguamente parecían imposibles.
Sabemos que no existen serpientes conocidas capaces de desarrollar alas verdaderas y volar como las aves.
Pero eso no elimina el valor de las historias que nuestros abuelos contaban.
Estas leyendas forman parte de la memoria de muchas comunidades y reflejan la manera en que generaciones anteriores entendían el monte, la lluvia, los animales y los fenómenos naturales.
Y quizá eso sea precisamente lo más fascinante.
Porque una historia puede no tener una explicación sobrenatural y, aun así, seguir siendo extraordinaria.
Mi abuelo pasó gran parte de su vida en el monte.
Conocía sus caminos y sus sonidos.
Y hasta el final sostuvo que aquella tarde había visto algo que no podía explicar.
Una enorme culebra con alas cruzando el cielo.
Para él, no era una leyenda.
Era algo que había visto con sus propios ojos.
🐍 ¿Tú qué crees que pudo haber visto mi abuelo?
¿Una serpiente confundida con otro animal, un fenómeno que no pudo identificar o una de esas antiguas criaturas de las leyendas mexicanas?
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